Cada que camino,
en algún paso me detienes.
Inundas mi mente,
penetras, suave y fresca, el hueco que dejas.

Ser humano es un milagro malogrado
me dices y te dejas llevar por el viento.
Mi andar es un cliché que reflexiona, que recuerda y avienta aire tibio a una
atmósfera nevada.

Cada que tranquilo abro mi puerta,
respiro y ventarrones mueven mis certezas.

Ser humano es aire tibio empañado
en la ventana eterna.

Mi andar es un ápice de aliento,
una palpitación,
cada paso es el pulso de las imágenes que me gobiernan,
que difuminadas se empalman hacia el negro.

Cada que despierto
soy una bolsa de grasa en medio de tu cama,
El peso me hunde y me desparrama en silencio
El timbre del teléfono es una colonia de ratas
que roen libres, sin resbalarse, mi cuerpo
y las mantas que cubren nuestras manchas.

Se me ha terminado la poesía:
La espina, la espada pesada sobre el alma embestida,
ese aliento cálido que labras y callas,
de otro, palabras, sin un diccionario a la mano,
la colcha fría que esconde siempre al solitario.

Se me ha terminado,

No hay piel atorrante que ruegue
una recia tormenta de versos.
No hay pelea ni lasa arboleda, no hay
león a vencer, no hay jaula a volar,
no hay poema.

Sólo trapos.
Sólo golpes de almohada
y al acto de un dios inexacto.

Se me ha terminado la poesía,

tu voz de lágrimas se embarra,
y el aire se pone de máscara tu cara,

no hay palabras de otro,

bebo cada gota de memoria

y borracho reboto en los senderos de la prosa